MADRES BUSCADORAS

Tienen por bandera la esperanza

A veces le doy gracias a Dios de que haya sido Roberto, porque había muchas personas desaparecidas

NACIONAL

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Mirna Nereida Medina Quiñonez, fundadora de 'Las Rastreadoras de El Fuerte, Sinaloa'Créditos: Especial

Mirna Nereida Medina Quiñonez recuerda cuando a las madres buscadoras las llamaban las “locas de las palas”, por andar con sombrero, con foto y con un machete buscando a sus hijos. También recuerda que, en septiembre de 2014, el periodista Javier Valdez la encontró cuando iba a búsqueda y le pidió que lo dejara ser su amigo. “Yo soy amigo, confía en mí”, le dijo el comunicador. 

Ella le explicó cómo buscaba en todos los sitios donde pudieran estar los desaparecidos. 

“Ah, entonces rastreas, eres una rastreadora”, le respondió Valdez (asesinado en Culiacán en 2017). De esta forma nació el colectivo de Las Rastreadoras de El Fuerte, Sinaloa. De niña, Mirna soñaba con ser maestra educadora y lo logró. Con el paso del tiempo, se convirtió en madre, y combinaba sus tareas de ama de casa con otras como la renta de mesas y sillas para fiestas, o carros para revender, o atender una refaccionaria.

Roberto fue uno de sus dos hijos. Lo describe como un niño atento, al que no le gustaba mucho la escuela. En la secundaria, Mirna se tenía que sentar junto a él para que estuviera en el salón de clases. Se dedicaba a la venta de memorias y artículos para parabrisas.

El lunes 14 de julio de 2014 desapareció cuando un grupo de personas se lo llevó en Choix, Sinaloa. Dos meses antes, recuerda que estando en su negocio, a una trabajadora de la gasolinera cercana y a su novio los levantaron. A él lo localizaron sin vida y en el velorio Mirna recuerda que pensó que “algo había hecho…por eso lo levantaron”. En ese momento pensó en Roberto, quien se había ido a Choix. Dio gracias a Dios por que nunca le pasaría esto. 

“Vivía en una burbujita, en mis negocios, no veía ni noticias. Trabajaba solo para sacar adelante a mis hijos”. 

“A veces le doy gracias a Dios de que haya sido Roberto, porque había muchas personas desaparecidas. Antes de que desapareciera Roberto y no se había iniciado un movimiento como el que hicimos nosotros. Yo pienso que, si Dios eligió a mi hijo y me eligió a mí para esto, por eso tengo que estar agradecida. Por supuesto mi dolor de madre, que la perdida es un dolor muy grande; pero en el fondo, que la muerte haya valido para algo, hemos hecho muchas cosas. Cada tesoro que encontramos…”.

¿Cómo se logra transformar el dolor el amor?

“El dolor es un sentimiento tan fuerte, lo traemos siempre, y de repente lo sacamos enojadas, con exigencias; pero aquí nosotras el coraje y el dolor lo sacamos buscando. Siempre hemos dicho que la mejor terapia para nosotras es la búsqueda. Cuando vamos a búsqueda, sentimos que estamos haciendo mucho tanto por ellos como por las señoras”.

Relata que cuando las madres buscadoras se suben a las camionetas, se transforman, cambia su rostro, “Sonreímos, pero estamos casi muertas por dentro y esta es una sobremanera de llevar el dolor”. Señala que cuando encuentran a alguien en una fosa, son sentimientos encontrados. De mucho gusto, por haber encontrado, y mucha tristeza, de ver la manera en que encuentran a sus seres queridos. 

“A final de cuenta nos gana el sentimiento de la felicidad de saber que alguien va a ir a casa a descansar. Que el aroma que sale de una fosa es el aroma de esperanza, le llamamos nosotros”.

Roberto fue localizado en una fosa común. Gracias a muestras de ADN, Roberto fue entregado a su familia en enero pasado, y sepultado por cuarta ocasión, recuerda Mirna. 

“Ahora mi vida es buscar que ya no tengamos personas desaparecidas y buscar a todos los desaparecidos”.

Samuel.ocampo@elheraldodemexico.com